T a n t r a, Espiritualidad y Sexo (p.2)

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ABRIRSE AL MOMENTO

Cuanto más sensible seas, más vivo estarás;
y cuanto más vivo estés,
más vida entrará en tu ser interior.

El cuarto sutra es:

En el feliz encuentro con un amigo ausente durante largo tiempo, entra en esa alegría.

Entra en esa alegría y vuélvete uno con ella —con la alegría, con el júbilo. Es solamente un ejemplo.

En el feliz encuentro con un amigo ausente durante largo tiempo…

De repente te encuentras con un amigo que no has visto desde hace muchos días, o muchos años. Un júbilo instantáneo se apodera de ti. Pero tu atención se dirigirá al amigo, no a la alegría; te estarás perdiendo algo. Y ese júbilo es momentáneo, y tu atención se dirige al amigo. Empezarás a hablar, a recordar eventos, y te perderás esa alegría, y entonces ésta se irá.

Cuando veas a un amigo y sientas una alegría en tu corazón, concéntrate en esa alegría; siéntela y vuélvete uno con ella. Y acércate al amigo percibiendo, sintiéndote colmado con esa dicha. Deja que el amigo esté solamente en la periferia, mientras tú permaneces centrado en la sensación de alegría.

Esto puede trasladarse a otras muchas situaciones. El sol está saliendo, y de pronto sientes que algo amanece en ti. Olvídate del sol; deja que permanezca en la periferia. Tú estás centrado en tu propia sensación: la energía amaneciendo en ti. Al observarla se expande por todo tu cuerpo, se vuelve todo tu cuerpo, todo tu ser. No seas solamente un observador; ¡fúndete en ella! Son pocos los momentos en los que sentimos alegría, dicha, felicidad. Y nos los perdemos porque nos centramos en el objeto.

Cuando experimentas alegría, sientes que proviene de afuera. Te has encontrado con un amigo, y, obviamente, parece que la alegría proviene de tu amigo, al verlo. Pero no es así; la alegría está siempre dentro de ti. El amigo es sólo una situación; él ha ayudado a que esa alegría salga, pero estaba ahí. Y no sucede solamente con la alegría, sucede con todo: con la ira, con la tristeza, con el sufrimiento; es así con todo. Lo demás solamente son situaciones que provocan que aquello que está oculto en ti se exprese. No son motivos; no causan algo en ti. Lo que quiera que ocurra, te está sucediendo a ti. Siempre ha estado ahí; el encuentro con el amigo ha creado una situación en la cual, lo que estaba oculto, se ha abierto, ha salido. Proviniendo de un origen oculto se ha hecho aparente, manifiesto.

Siempre que eso ocurra, permanece centrado en la sensación interior. Y entonces tu vida tendrá una actitud diferente ante todo. Hazlo incluso con las emociones negativas.

Cuando estés irritado, no te centres en la persona que lo ha provocado. Deja que él permanezca en la periferia. Conviértete en la ira, siéntela totalmente; permite que eso suceda. No la racionalices, no digas: «Este hombre la ha creado». No condenes al hombre; él es solamente una situación. Siente agradecimiento hacia él; algo que estaba oculto en ti se ha abierto. Él ha tocado algo y había una herida oculta; ahora lo sabes. Vuélvete la herida.

Hazlo con cualquier emoción —con lo negativo y con lo positivo— y cambiarás profundamente: si la emoción es negativa, te liberarás de ella al percibir que está dentro de ti; si es positiva, te volverás la propia emoción; si es alegría, te volverás la alegría; si es ira, se disolverá.

Ésta es la diferencia entre las emociones negativas y las positivas: si percibes una emoción, y al percibirla se disuelve, es negativa; si, por el contrario, al hacerlo te vuelves la emoción, y se expande volviéndose tu ser, es positiva.

La consciencia funciona de forma diferente según la emoción: si ésta es venenosa, al percibirla se liberará; si es benévola, feliz, extática, te vuelves uno con ella. Al ser consciente de ella se hace más profunda.

Así que, para mí, éste es el criterio: si algo, al percibirlo, se hace más profundo, es bueno; si se disuelve, es malo. Aquello que una vez percibido no puede permanecer, es pecado; y aquello que crece, es virtud. El pecado y la virtud no son conceptos sociales, son percepciones internas.

Utiliza tu consciencia. Es así: si hay oscuridad y traes luz, la oscuridad desaparece; al traer la luz, la oscuridad deja de existir, porque, en realidad, no existía. Era algo negativo, simplemente la ausencia de luz.

Pero muchas cosas que están ahí se manifestarán. Solamente por traer luz, esas estanterías, esos libros, esas paredes, no desaparecerán. En la oscuridad, no estaban; no podías verlas. Si traes luz, dejará de haber oscuridad, y se te revelará aquello que es real.

En el feliz encuentro con un amigo ausente durante largo tiempo, entra en esa alegría.

El quinto sutra dice:

Al comer o al beber, vuélvete el sabor de la comida, satisfácete.

Comemos alimentos —no podemos vivir sin alimentamos—, pero lo hacemos inconscientemente, automáticamente, como robots. No sentimos el sabor; simplemente nos llenamos. Come despacio y percibe el sabor; solamente así podrás percibirlo. No tragues los alimentos sin saborearlos; paladéalos, sin prisas, y vuélvete el sabor. Cuando sientas un sabor dulce, vuélvete ese sabor; entonces podrá sentirlo todo tu cuerpo, no sólo la boca o la lengua. ¡Puede sentirlo todo el cuerpo! Un cierto sabor propagándose en ondas… Lo que quiera que comas, siente el sabor, conviértete en él. Esta es la diferencia entre el Tantra y las otras tradiciones.

Los jainas dicen: «No saborees» (aswad). Mahatma Gandhi hizo de ello un precepto para su ashram: «Aswad —no saborees nada. Come, pero no saborees; olvida el sabor. Comer es una necesidad; hazlo de forma mecánica. Saborear es deseo, por tanto, no saborees». El Tantra dice saboréalo tanto como te sea posible; sé más sensible. Y no solamente sensible; vuélvete el sabor.

En la observancia del aswad tus sentidos se extinguirán, se volverán menos sensibles. Y con esa pérdida de sensibilidad, no podrás sentir el cuerpo, ni tus emociones. Permanecerás centrado en tu cabeza. Este centrarse en la cabeza es un desdoblamiento.

El Tantra dice: no crees en ti ningún desdoblamiento; es hermoso saborear, ser sensible. Cuanto más sensible seas, más vivo estarás; y cuanto más vivo estés, más vida entrará en tu ser interior. Estarás más abierto.

Puedes comer sin saborear; no es difícil. Puedes tocar a alguien sin sentirlo; no es difícil. Ya lo estamos haciendo. Le das la mano a alguien sin sentir… porque para tocarlo, tienes que estar en la mano, tienes que sentir con la mano; volverte tus dedos y tu palma, como si tú, tu alma, hubiera entrado en la mano. Sólo entonces puedes tocar. Puedes alargarle la mano a alguien, poner la suya entre la tuya, y retirarla; parece que tocas, pero no tocas.

¡No tocamos! Tenemos miedo de tocar porque el tocar ha adquirido connotaciones sexuales. Puedes estar entre una multitud, en un tren, en un compartimento, tocando a muchas personas, pero ni las estás tocando ni te tocan. Los cuerpos están en contacto, pero tú permaneces distante. Y puedes sentir la diferencia: si tocas realmente a alguien, se ofenderá. Tu cuerpo puede tocar, pero tú no debes estar dentro de ese cuerpo. Debes permanecer distante, como si no estuvieras en él, como si sólo fuera el contacto de un cuerpo muerto.

Esta insensibilidad es negativa porque te estás defendiendo de la vida… Le tenemos miedo a la muerte estando muertos. No hay necesidad de tenerle miedo, porque nadie va a morir: ¡ya estás muerto! Y por eso tenemos miedo: porque no hemos vivido; nos hemos perdido la vida, y la muerte se acerca.

Una persona que está viva no tendrá miedo a la muerte —¡está viviendo! Cuando vives realmente, no existe ese miedo; puedes incluso vivirla. Cuando la muerte se acerque, serás tan sensible a ella que la gozarás; será una gran experiencia. Si estás vivo puedes vivir incluso la muerte, y entonces deja de serlo. Si puedes hacer esto, si puedes ser sensible a la muerte de tu cuerpo, y te retiras al centro y te disuelves; si puedes vivir incluso esta experiencia, te vuelves inmortal.

Al comer o al beber, vuélvete el sabor de la comida, satisfácete…

Satisfácete con el sabor.

Bebiendo agua, siente su frescura. Cierra los ojos, bebe despacio, saboréala. Siente su frescura, siente que te vuelves la frescura, porque ésta se transfiere del agua a ti. Se convierte en parte de tu cuerpo. Tu boca la está tocando, tu lengua la está tocando, y su frescura se transfiere. Deja que eso le ocurra a todo tu cuerpo. Permite que las ondas se expandan por todo tu cuerpo. De esta forma podrá crecer tu sensibilidad, te reavivarás, te colmarás.

Estamos frustrados, nos sentimos vacíos, y decimos que la vida no tiene sentido; pero nosotros somos la causa de que no tenga sentido. No la estamos colmando, y no dejamos que nada la colme. Tenemos una coraza a nuestro alrededor, una armadura de defensa; tenemos miedo de ser vulnerables, y por eso nos defendemos contra todo. Entonces nos volvemos una tumba, algo muerto.

El Tantra dice: vive, reavívate, porque la vida es Dios. No hay ningún otro dios que no sea la vida. Reavívate y serás más divino. Vive totalmente y la muerte no existirá para ti.

 

9

POR TU PROPIO BIEN

¿Qué hay de malo en gozar de ti mismo?
¿Qué hay de malo en ser feliz?
Si hay algo malo siempre está en tu infelicidad,
porque la persona infeliz siempre crea
infelicidad a su alrededor, ¡Sé feliz!

Antes de responder a vuestras preguntas tenemos que aclarar algunos puntos, porque esos puntos os ayudarán a entender mejor lo que significa el Tantra; no es un concepto moral. No es ni moral ni inmoral: es amoral. Es una ciencia; y ésta no es ni lo uno ni lo otro. Tu moralidad, tus conceptos acerca del comportamiento moral, son irrelevantes para el Tantra; no le atañe el cómo deberías comportarte. Se centra en lo que es, en lo que eres. Esta distinción hay que entenderla bien.

A la moral le atañen los ideales —cómo deberías ser, qué deberías ser. Por eso, la moral es básicamente una condena. Nunca eres el ideal, y por tanto eres censurado; toda moral crea culpa. Nunca puedes llegar a ser el ideal; siempre estás rezagado. El intervalo permanecerá siempre porque el ideal es imposible. Y con la moral de por medio todavía lo es más. El ideal está allí, en el futuro, y tú estás aquí —eres lo que eres— y no dejas de compararte. Nunca eres el hombre perfecto; siempre te falta algo. Sientes remordimientos, te censuras a ti mismo.

El Tantra está en contra de la condena porque ninguna condena puede transformarte. La censura sólo puede crear hipocresía, por eso pretendes mostrar lo que no eres. La hipocresía significa que eres el hombre real, no el ideal, pero pretendes mostrar que eres el hombre ideal. Estás desdoblado, tienes una cara falsa, se ha creado un hombre irreal. El Tantra es básicamente la búsqueda del hombre real, no le interesa el irreal.

Toda moral crea, necesariamente, hipocresía. Ésta persistirá mientras exista la moral. Es una parte de ella: la sombra. Es paradójico que los moralistas sean los que más condenan la hipocresía, cuando ellos son los que la crean; y ésta no puede desaparecer de la tierra a menos que desaparezca la moral. Ambas coexisten juntas; son dos caras de la misma moneda. La moral te da el ideal, porque no eres el ideal. Empiezas a sentir que algo en ti es erróneo, pero ese error es natural. Se te ha dado así, has nacido con ello, y no puedes cambiarlo inmediatamente. Puedes transformarlo; pero no es tan fácil. Puedes reprimirlo; eso si es fácil.

Por tanto, puedes hacer dos cosas: crear un rostro falso; pretender algo que no eres. Eso te salva. Puedes moverte en la sociedad de forma fácil y adecuada. Interiormente has suprimido lo real, porque lo irreal puede imponerse sólo si lo real se suprime. Así que tu realidad se hunde en el inconsciente y lo irreal se vuelve lo consciente. Tu parte irreal se vuelve predominante mientras lo real retrocede. Estás dividido, y cuanto más tratas de ser lo que no eres, más grande es la separación.

El niño nace uno, un todo. Por eso todos los niños son tan hermosos; su belleza se debe a su totalidad. No tiene separación, no está dividido, fragmentado ni desdoblado; es uno. No tiene una parte real y otra irreal. Es simplemente real, auténtico. No puedes decir que el niño es inmoral; no es moral ni inmoral. No sabe que hay algo moral y algo inmoral. En el momento que lo sabe, empieza el desdoblamiento. Entonces se empieza a comportar de forma irreal, porque ser real se vuelve cada día más difícil.

Ocurre por necesidad —recuérdalo—, porque la familia tiene que controlar, los padres tienen que regular. El niño tiene que civilizarse, educarse, adoptar buenas formas; de otro modo seria imposible para el niño moverse en la sociedad. Se hace necesario decirle: «Haz esto; no hagas aquello». Y cuando le decimos: «Haz esto», la realidad del niño puede no estar lista para hacerlo. Puede no ser real y no tener ningún deseo de hacerlo. Y cuando le decimos: «No hagas esto o no hagas aquello», puede no gustarle a la naturaleza del niño.

Censuramos lo real e imponemos lo irreal, porque esto será útil y conveniente en la sociedad irreal, donde todo el mundo es falso; entonces lo real no será conveniente. Un muchacho real tendrá muchas dificultades con la sociedad, porque toda la sociedad es irreal. Es un círculo vicioso: nacemos en una sociedad, y hasta el día de hoy, no ha existido en la tierra una sola sociedad real. ¡Es un círculo vicioso! Un niño nace en una sociedad, y ésta tiene sus propias reglas, sus regulaciones, sus formas de comportamiento, su moral… el niño tiene que aprenderlas.

Cuando crezca se volverá falso. Entonces tendrá hijos, y los ayudará a ser falsos, y así sucesivamente. ¿Qué podemos hacer? No podemos cambiar la sociedad. Y si intentamos hacerlo, ya no estaremos aquí el día que la sociedad haya cambiado. Necesitaríamos una eternidad. ¿Qué podemos hacer?

El individuo puede llegar a ser consciente de su desdoblamiento básico: que lo real ha sido suprimido y lo irreal ha sido impuesto. Es penoso, triste, doloroso. No puedes obtener ninguna satisfacción por medio de lo irreal, porque de ese modo solamente es posible obtener satisfacciones irreales; es natural. Solamente lo real puede aportar satisfacciones reales. A través de lo real puedes llegar a la realidad; a la verdad. A través de lo irreal puedes tener alucinaciones, ilusiones, sueños; y a través de ellos puedes engañarte, pero nunca podrás estar satisfecho.

Por ejemplo, si estás durmiendo y tienes sed, puedes soñar que bebes agua; es conveniente, te ayudará a que sigas durmiendo. Si no sueñas que estás bebiendo agua, se interrumpirá tu descanso. La sed es real, perturbará tu descanso. El sueño te ayuda; te hace sentir que estás bebiendo agua. Pero el agua es falsa. Engaña a tu sed; la sed no desaparece. Tal vez continúes durmiendo, pero la sed está ahí, suprimida.

Esto es. lo que está sucediendo, y no solamente en nuestro dormir: sucede en todos las dimensiones de nuestra vida. Estás buscando cosas a través de tu personalidad irreal, que no está ahí, es solamente una fachada. Si no las consigues, sufres; y si las consigues, también. Si no las consigues sufres menos —recuérdalo. Si las consigues sufrirás más, y más profundamente.

Los psicólogos dicen que debido a esta personalidad irreal, en el fondo, nunca queremos alcanzar la meta, porque si la alcanzas te frustras totalmente. Vivimos con una esperanza; y ésta nos ayuda a seguir viviendo. ¡La esperanza es un sueño! Nunca alcanzas la meta, por eso no te das cuenta de que la meta es falsa.

Un hombre pobre luchando por conseguir riqueza es más feliz en ese afán porque tiene una esperanza, y ésta es la única felicidad de la personalidad irreal. Si ese hombre logra hacerse rico perderá la esperanza, y la frustración será la consecuencia natural; tendrá riqueza, pero no satisfacción. Ha alcanzado la meta, pero no ha sucedido nada: sus esperanzas se han roto. Por eso, cuando una sociedad se vuelve opulenta, se perturba.

Si hoy en día América está tan convulsionada, es porque se han realizado las esperanzas, se han alcanzado las metas, y no puedes seguir engañándote. Si la juventud de América se está rebelando en contra de las metas de las viejas generaciones, es porque ha quedado demostrado que no tenían sentido.

En India es inconcebible. No podemos concebir que la gente joven viva pobremente por voluntad propia, que sean hippies. ¡Pobres por propia elección! Es inconcebible. Todavía tenemos esperanza: en el futuro, en que algún día el país será próspero y seremos felices; la felicidad reside en la esperanza.

Debido a esta personalidad irreal, lo que quiera que pruebes, lo que quiera que hagas, lo que quiera que busques, se vuelve irreal. El Tantra dice que la verdad puede sucederte solamente si pones de nuevo los pies en la tierra. Pero para asentarte en lo real, tienes que ser muy valiente contigo mismo, porque lo irreal es lo adecuado y ha sido fomentado de muchas formas, y el condicionamento de tu mente es tal que te asustarás de lo real.

Alguien ha dicho: «Ayer dijiste que seamos totales en el acto sexual»; es decir, que lo disfrutemos, que lo gocemos, que permanezcamos en él, y que cuando el cuerpo empiece a estremecerse, nos volvamos el estremecimiento. Y ha preguntado: «¿Qué nos estás enseñando, indulgencia? ¡Esto es perverso!». Ésta es la voz de la personalidad irreal.

La personalidad irreal siempre está en contra del gozo, en contra de ti: no debes gozar. Tienes que sacrificar cosas —sacrificarte, sacrificarte por los demás. Parece noble, porque nos lo han inculcado: «Sacrifícate por los demás —eso es altruismo. No disfrutes —es egoísta». Y en el instante que alguien dice: «Esto es egoísta», se convierte en un pecado.

Pero el enfoque del Tantra es distinto: te dice que si no gozas de ti mismo, no puedes ayudar a que los demás gocen. A menos que estés satisfecho, contento contigo mismo, no puedes servir a los demás, no puedes ayudarles a ser felices. A menos que estés desbordado por tu propia felicidad, eres un peligro para la sociedad, porque la persona que siempre se está sacrificando se vuelve sádica. Si tu madre te repite una y otra vez: «He sacrificado mi vida por ti», te mortificará. Si el marido le reprocha a la mujer: «Me estoy sacrificando por ti», la mortificará. El sacrificio es sólo una estratagema para torturar a los demás.

Por eso, el que siempre se está sacrificando por los demás, es peligroso, es un peligro en potencia. Guárdate de ellos, y no te sacrifiques. La propia palabra es fea. Goza de ti mismo, de ti misma, cólmate de felicidad, y cuando estés desbordado de tu propia felicidad, esa felicidad repercutirá en los demás; pero no será un sacrificio. Nadie estará en deuda contigo, nadie tendrá que agradecértelo. Al contrario, tú les estarás agradecido por haber participado de tu felicidad. Las palabras «sacrificio», «deber» y «servicio» son feas, son violentas.

El Tantra dice: a menos que estés lleno de luz, ¿cómo puedes ayudar a que los demás se iluminen? Sé egoísta —sólo entonces podrás ser altruista; de otro modo el propio concepto es un disparate. Sé feliz —sólo entonces podrás ayudar a los demás a ser felices. Si estás triste, descontento, amargado, serás violento con los demás y les crearás amarguras.

Tal vez llegues a ser un mahatma —no es muy difícil—; pero mira a tus mahatmas. Están tratando por todos los medios de mortificar a quién se les acerca; pero su mortificación es muy engañosa. Te mortifican «por tu propio bien». Y como se están mortificando a sí mismos, no puedes decirles que están predicando algo que ellos no practican, porque sí lo hacen; ellos mismos se mortifican, por eso pueden mortificarte. Y cuando la mortificación es por tu propio bien, es la más peligrosa: no tienes escapatoria.

¿Qué hay de malo en gozar de ti mismo? ¿Qué hay de malo en ser feliz? Si hay algo malo siempre está en tu infelicidad, porque la persona infeliz siempre crea infelicidad a su alrededor. ¡Sé feliz! Y el acto sexual, el amor, puede ser una de las formas más profundas para alcanzar la felicidad.

 

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MÁS ALLÁ DEL SEXO

El sexo es sólo el principio, no el fin.
Pero si te pierdes el principio,
también te perderás el final.

El Tantra no enseña sexualidad, simplemente dice que el sexo puede ser una fuente de felicidad. Y una vez conoces esa felicidad, puedes ir más lejos, porque ahora estás asentado en la realidad. No es que uno tenga que permanecer en el sexo indefinidamente, pero éste puede ser utilizado como puente. Y una vez hayas conocido el éxtasis del sexo, podrás entender aquello de lo que los místicos han estado hablando —un orgasmo superior, un orgasmo cósmico.

Meera está bailando. No puedes entenderla; ni siquiera puedes entender sus canciones. Son sexuales, su simbología es sexual. Está llamado a ser así, porque en la vida del ser humano el acto sexual es el único que te hace sentir la no-dualidad; el único en el que sientes una profunda unidad, desaparecen el pasado y el futuro y sólo el momento presente permanece, el único momento real.

Por eso todos los místicos que realmente han conocido la unidad con lo divino, la unidad con la propia existencia, siempre han utilizado términos y símbolos sexuales para expresar su experiencia. No existe otra simbología; no existe ninguna otra simbología que se le acerque más.

El sexo es solamente el principio, no el fin. Pero si te pierdes el principio, también te perderás el final. Y no puedes evitar el principio para llegar al final.

El Tantra dice: tómate la vida naturalmente; no seas irreal. El sexo está ahí —una posibilidad, un gran potencial. ¡Aprovéchalo! ¿Qué hay de malo en gozarlo? Realmente, toda moral está en contra de la felicidad: cuando alguien es feliz, pensamos que algo debe estar equivocado; cuando alguien está triste, todo es como debería ser. Vivimos en una sociedad neurótica, donde todo el mundo está triste. Cuando estás triste, todo el mundo está contento, porque simpatiza contigo. Cuando eres feliz, todo el mundo se desconcierta: ¿cómo abordarte? Cuando alguien simpatiza contigo, mírale la cara. La cara le resplandece, hay un brillo sutil en su rostro. Está contento de simpatizar. Si estás lleno de gozo, es distinto —tu felicidad creará tristeza en los demás; tu infelicidad crea complacencia. ¡Esto es neurótico! Las bases parecen estar trastornadas.

Cuando afirmo que el Tantra no es moral ni inmoral, quiero decir que es básicamente una ciencia: te ve tal como eres. Esto no quiere decir que el Tantra no intente transformarte, pero te transforma a través de la realidad. Es la diferencia entre la magia y la ciencia, la misma diferencia que hay entre la moral y el Tantra. La magia también trata de transformar cosas con palabras, ignorando la realidad. Un mago puede decir: «Ahora se detendrá la lluvia». No puede detenerla realmente. O tal vez diga: «Ahora empezará a llover». No puede provocarla, solamente puede utilizar palabras.

Tal vez haya una coincidencia, entonces se sentirá muy poderoso. Y si las cosas no suceden de acuerdo a su profecía, siempre puede decir: «Algo ha ido mal». Siempre cabe esa posibilidad en la profecía. En la magia todo empieza con «si». Quizá diga: «Si todo el mundo se comporta correcta y virtuosamente, entonces lloverá en la fecha señalada». Si llueve, se deberá a la magia; si no llueve, es porque no todo el mundo ha sido virtuoso; hay algún pecador.

Incluso en este siglo, el siglo veinte, Mahatma Gandhi dijo a propósito del hambre en Bihar: «El hambre se debe a los pecados de la gente de Bihar», como si en el resto del mundo no se pecase, solamente allí. La magia empieza con «si», y ese «si» es mayúsculo.

La ciencia nunca empieza con «si» porque primero busca lo que es real, la realidad. Una vez se conoce la realidad, puede ser transformada. Cuando se conoce qué es la electricidad, puede transformarse, utilizarse. Un mago no sabe qué es la electricidad; sin conocerla quiere transformarla, ¡piensa en transformarla! Esas profecías son falsas, son solamente ilusiones.

La moral es como un mago. Habla acerca del hombre perfecto, sin saber qué es el hombre, la realidad del hombre. El hombre perfecto sigue siendo una ilusión; se utiliza solamente para condenar la realidad del hombre. El hombre nunca es la ilusión.

El Tantra no es una ciencia; y dice así: primero conoce la realidad, qué es el hombre. No crees ideales; primero conoce lo que es. No pienses en lo que «debería» ser, simplemente ve lo que es. Y una vez lo conozcas, entonces puedes transformarlo. Ahora conoces el secreto.

Por ejemplo, el Tantra dice que no trates de ir en contra del sexo, porque si vas en contra de él para crear el estado de brahmacharya, de celibato, de pureza, es imposible: es sólo magia. Sin conocer qué es la energía sexual, sin conocer de qué está constituido el sexo, sin conocer su realidad profunda, sus secretos, podrás crear un ideal de brahmacharya, ¿pero qué harás? Simplemente reprimirás el sexo. Y la persona que está reprimiendo el sexo es más sexual que aquella que es indulgente, porque a través de la indulgencia se libera la energía, y al reprimirla permanece continuamente en tu organismo.

La persona que reprime el sexo, empieza a verlo en todas partes; todo se vuelve sexual. No es que todo sea sexual, pero lo proyecta. ¡Es una proyección! Su propia energía oculta se proyecta: donde quiera que mire verá sexo. Y debido a que se condena a sí mismo, empezará a condenar a los demás. No encontrarás a ningún moralista que no condene violentamente a los demás; condena a todo el mundo: todo el mundo está equivocado. Eso le hace sentirse bien; su ego se colma. Pero ¿por qué todo el mundo está equivocado? Porque en todas partes ve aquello que él mismo está reprimiendo. Su propia mente se volverá más y más sexual, y cada día tendrá más miedo. El brahmacharya es una perversión, es antinatural.

Otra clase de brahmacharya, con una cualidad distinta, le sucede al seguidor del Tantra; pero todo el proceso es diametralmente opuesto. El Tantra primero te enseña cómo vivir el sexo, cómo conocerlo, cómo sentirlo y cómo llegar a lo más profundo de él —al clímax—, cómo encontrar su belleza esencial, la felicidad y la dicha que se oculta en él.

Una vez que has conocido ese secreto puedes trascenderlo. Porque en un profundo orgasmo sexual no es el sexo lo que te da la felicidad, es otra cosa; el sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando la euforia, el éxtasis. Esa otra cosa puede dividirse en tres elementos. Pero cuando hablo y describo esos elementos, no creas que los puedes entender. Tendrán que ser tu propia experiencia. Como conceptos no sirven para nada.

Debido a esos tres elementos básicos alcanzas un instante de felicidad. Esos tres elementos son: primero, la ausencia del tiempo. Trasciendes el tiempo; no existe el tiempo. Te olvidas de él; cesa para ti. No es que el tiempo se detenga: se detiene para ti; dejas de ser parte de él. No hay pasado ni futuro. Toda la existencia se concentra en este preciso instante, aquí y ahora. Este momento se vuelve el único momento real. Si puedes hacer de este momento el único momento real, no hay necesidad de sexo; esto sucede a través de la meditación.

Segundo: en el sexo, por primera vez, pierdes el ego —el ego se disuelve. Por eso los egoístas están siempre en contra del sexo, porque en el sexo tienen que perder su ego; dejas de ser, y el otro deja de ser. Tú y tu amante, ambos, os disolvéis en otra cosa. Se crea una realidad nueva, una unidad nueva se hace presente, en la cual los dos se pierden, desaparecen completamente. El ego tiene miedo porque dejas de ser. Si en ausencia de sexo puedes trasladarte a ese instante en que dejas de ser, entonces es que no es necesario.

Y tercero: por primera vez eres natural en el sexo. Lo irreal se disuelve; la fachada se disuelve; y la sociedad, la cultura, la civilización también. Eres parte de la naturaleza, como lo son los árboles, los animales, las estrellas. ¡Eres parte de la naturaleza! Eres parte de algo inmenso —el cosmos, el Tao. Estás flotando en él. Ni siquiera puedes nadar en él porque no eres. Simplemente flotas, la corriente te lleva.

Estas tres cosas te dan el éxtasis. El sexo es solamente una situación en la cual todo ello sucede de forma natural. Una vez lo conoces y puedes sentir estos elementos, puedes crearlos independientemente del sexo. Toda meditación es, esencialmente, la experiencia del sexo sin sexo. Pero tendrás que pasar por él. Deberá ser tu propia experiencia, no un concepto ni una idea ni un pensamiento.

El Tantra no es sexo, es trascendencia. Pero solamente lo puedes trascender a través de la experiencia —la experiencia existencial—, no a través de una ideología. Sólo a través del Tantra sucede el brahmacharya. Parece una paradoja, pero no lo es. Solamente a través del propio conocimiento sucede la trascendencia. La ignorancia no puede ayudarte a trascender; solamente puede hacerte hipócrita.

 

11

SEXO Y RELAJACIÓN

Hay dos clases de clímax, dos tipos de orgasmo…
La excitación tiene que utilizarse para ambos;
o bien te mueves hacia la cúspide de la excitación
o hacia el valle de la relajación.

Alguien ha preguntado:

¿Con qué frecuencia debemos ser indulgentes con el sexo para ayudar y no obstaculizar nuestra meditación?

La pregunta ha surgido porque seguimos interpretando mal. Tu acto sexual y el tántrico son básicamente distintos. El tuyo es un desahogo; es como un estornudo, un buen estornudo. Descargas la energía; te descargas. Es destructivo, no es creativo. Es bueno, terapéutico y te ayuda a relajarte, pero nada más.

El acto sexual tántrico es diametralmente opuesto y diferente. No es un desahogo, no es una descarga de energía. Es permanecer en el acto sin eyacular —sin descargar energía—, permaneciendo fundidos en la primera parte del acto, no en la parte final. Cambia la cualidad; toda la cualidad del acto es diferente.

Intenta entender dos cosas: hay dos clases de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno de ellos lo conoces: alcanzas la cúspide de la excitación, entonces ya no puedes ir más lejos; has llegado al final. La excitación llega a un punto donde ya no es voluntaria. La energía se descarga; te liberas de ella, te descargas. La carga se expulsa; puedes relajarte y dormir.

Lo utilizas como tranquilizante; es un tranquilizante natural. Provocará un buen descanso, siempre y cuando tu mente no está saturada de religión. De lo contrario, incluso el tranquilizante se destruye. Si tu mente no está saturada de religión, el sexo puede ser un tranquilizante; si te sientes culpable, tu sueño se perturbará. Te sentirás deprimido, empezarás a censurarte, y empezarás a jurarte que no volverá a ocurrir… Tu sueño se volverá una pesadilla. Si eres un ser humano natural —no demasiado saturado de religión y de moral—, el sexo puede usarse como tranquilizante.

Éste es un tipo de orgasmo: llegar a la cúspide de la excitación. El Tantra se centra en otro tipo de orgasmo. Si a éste lo llamamos la «cúspide», al otro lo puedes llamar el «valle»: no llegar a la cúspide de la excitación, sino al valle más profundo de la relajación. La excitación es utilizada por ambos al principio —por eso digo que ambos son iguales al principio—, pero al final son totalmente diferentes.

La excitación tiene que utilizarse para ambos; o bien te mueves hacia la cúspide de la excitación o hacia el valle de la relajación. Para el primero, la excitación ha de ser intensa; más y más intensa. Tienes que acentuarla, tienes que contribuir para que se intensifique hasta la cúspide. En el segundo tipo de orgasmo, la excitación es sólo el comienzo. Y una vez el hombre ha entrado, el amante y la amada se pueden relajar; no se precisa ningún movimiento. Ambos, el amante y la amada, pueden relajarse; pueden relajarse en un abrazo amoroso. Cuando el hombre o la mujer sienten que se está perdiendo la erección, sólo entonces un poco de movimiento y excitación… pero de nuevo la relajación. Puedes prolongar este profundo abrazo durante horas. Sin eyaculación. Y después podéis sumiros en un profundo sueno, juntos. Esto es el valle de la relajación: ambos estáis relajados y os fundís como dos seres relajados.

En un orgasmo sexual ordinario os fundís como dos seres excitados —tensos, llenos de excitación, intentando desahogaros. El orgasmo sexual ordinario parece una locura; el orgasmo tántrico es una profunda y relajada meditación. Entonces ya no surge la cuestión: «¿Con qué frecuencia debemos ser indulgentes?». Tanto como desees, porque la energía no se pierde. Al contrario, se gana.

Tal vez no seas consciente de este fenómeno biológico, bioenergético; de que el hombre y la mujer son fuerzas opuestas —negativo/positivo, Yin/Yang, o como quieras llamarlo. Se están provocando el uno al otro, y cuando se funden en una profunda relajación, se revitalizan el uno al otro. Ambos se vitalizan el uno al otro, se rejuvenecen, se sienten más vivos e irradian una nueva energía. ¡Y no se pierde nada! El encuentro del polo opuesto revitaliza la energía.

El acto amoroso tántrico puede hacerse tanto como desees. El acto sexual ordinario no lo permite, porque pierdes energía y tu cuerpo tiene que esperar a recuperarla. Solamente cuando vuelves a tener energía, puedes descargarla de nuevo. Esto es absurdo: toda la vida desperdiciada, recuperando y descargando energía. Es como una obsesión.

El segundo punto a recordar: puede ser que lo hayas observado, o tal vez no; si miras a los animales, no los verás gozar, no disfrutan del acto sexual. Mira a los monos, a los perros, o cualquier otro animal: no verás que disfruten, que gocen del acto sexual. Parece sólo un acto mecánico, una fuerza natural que les empuja a ello. Si has visto el acto sexual de los monos, habrás observado que una vez finalizado se separan. Mira sus caras: no tienen ningún éxtasis, como si nada hubiera ocurrido. Cuando acumulan demasiada energía, una fuerza natural les empuja a descargarla.

El acto sexual ordinario es así, y los moralistas han estado diciendo lo contrario. Dicen: «No seas indulgente. No goces: es animal». ¡No lo es! Los animales nunca gozan; solamente el hombre goza. Y cuanto más profundo sea el gozo, creará una humanidad superior en ti. Si puedes ser meditativo en el sexo, extático, tocarás lo supremo.

Pero recuerda, el Tantra es el orgasmo del valle. No es una experiencia cúspide, es una experiencia del valle.

En occidente, Abraham Maslow ha hecho muy famoso este término: «experiencia cúspide». Te excitas hasta llegar a la cúspide, entonces decaes. Por eso después de el acto sexual sientes un decaimiento y una depresión. Has caído de la cúspide. Nunca sentirás eso después de una experiencia sexual tántrica. ¡No decaes! No puedes decaer, pues has estado en el valle. Al contrario, te elevas.

Después del acto sexual tántrico te elevas, no decaes. Te sientes lleno de energía, más vital, más vivo, radiante. Y este éxtasis durará horas, incluso días; dependerá de la profundidad del acto.

Si te adentras en la experiencia tántrica, tarde o temprano te darás cuenta de que la eyaculación es un desperdicio de energía. No es necesaria, a menos que quieras tener hijos. Con una experiencia tántrica te sentirás relajado durante varios días; te sentirás sosegado, sereno, pacífico, en casa. Este tipo de persona nunca es un peligro para los demás. Si puede, ayudará a los demás a ser felices. Si no puede, al menos no los hará infelices.

Solamente el Tantra puede crear un hombre nuevo. El hombre que ha conocido la dimensión donde no existe el tiempo, crecerá en la ausencia del ego, en profunda no-dualidad con la existencia. Una dimensión nueva se ha abierto… No está lejos el día en que el sexo simplemente desaparecerá. Cuando el sexo desaparece sin tu conocimiento —de repente te das cuenta que la lujuria ha desaparecido completamente— ha nacido el brahmacharya. Pero es arduo —parece arduo debido a tanta enseñanza falsa. Y además tienes miedo, debido a los condicionamientos de tu mente.

Tenemos mucho miedo a dos cosas: al sexo y a la muerte. Ambas son experiencias básicas; el buscador religioso auténtico habrá de experimentar ambas. Experimentará el sexo para conocer lo que es, porque conocerlo es conocer la vida. Y también querrá conocer qué es la muerte, porque a menos que conozcas qué es la muerte, no puedes conocer qué es la vida eterna. Si puedes entrar hasta el propio centro del sexo, sabrás qué es la vida. Y si puedes entrar en la muerte voluntariamente, hasta su propio centro, en el momento que tocas el centro de la muerte, te vuelves eterno. Ahora eres inmortal, porque la muerte es algo que ocurre solamente en la periferia.

El sexo y la muerte son experiencias básicas para el buscador auténtico. Pero para la mayoría de la humanidad ambos son tabú —no se habla acerca de ello. Ambos son experiencias básicas y están profundamente relacionadas; tanto que incluso entrando en el sexo puedes entrar en una cierta muerte, porque estás muriéndote. El ego está desapareciendo, el tiempo está desapareciendo y tu individualidad también: estás muriéndote! El sexo es una muerte sutil. Y si llegas a saber que el sexo es una muerte sutil, la muerte puede llegar a ser un inmenso orgasmo sexual.

Sócrates entrando en la muerte no tiene miedo. Al revés; se entusiasma, se emociona, se apasiona por conocer qué es. En su corazón hay una profunda bienvenida. ¿Por qué? Porque si has conocido la pequeña muerte en la experiencia del sexo, has conocido la felicidad que le acompaña; querrás conocer la gran muerte, la inmensa felicidad que se oculta tras ella. Pero para nosotros ambas experiencias son un tabú. Para el Tantra, son dimensiones básicas de la búsqueda. Uno tiene que pasar por ellas.

Alguien ha preguntado:

¿Si uno experimenta la meditación como el ascenso de la kundalini por la columna vertebral, no reduce ello nuestra capacidad de tener un orgasmo?

Estas preguntas muestran que no hemos entendido qué es el acto sexual tántrico. Generalmente es así. Si tu energía asciende, despierta la kundalini y la empuja hacia la cabeza, por eso no puedes tener un orgasmo ordinario. Y si lo intentas, provocarás un profundo conflicto, porque la energía está ascendiendo y la estarás forzando a descender. Pero el orgasmo tántrico no es difícil; será una ayuda.

La energía ascendiendo no es contradictoria al orgasmo tántrico. Puedes relajarte, y esa relajación con tu amada ayudará a que la energía ascienda más. En el acto sexual ordinario es difícil; por eso todas esas técnicas que no son tántricas están en contra del sexo, porque no saben que el orgasmo del valle es posible. Solamente conocen uno —el orgasmo ordinario—, por eso para ellos es un problema. Para el Yoga es un problema, porque trata de forzar la ascensión de la energía sexual; se le llama kundalini —la energía sexual ascendiendo.

En el acto sexual desciende. El Yoga dirá: sé célibe, porque si practicas ambos crearás un caos en tu sistema. Por un lado intentas empujar la energía hacia arriba, por otro estás descargándote de energía, haciéndola descender, estás creando un caos. Por eso las técnicas del Yoga están en contra del sexo.

Pero el Tantra no está en contra del sexo porque tiene otro tipo de orgasmo, el del valle, el cual puede ser una ayuda. No hay caos, no se crea conflicto; al contrario, te ayudará. Si eres hombre y estás evitando a la mujer, o si eres mujer y estás evitando al hombre, no importa lo que hagas, el otro permanecerá en tu mente y empujará la energía hacia abajo. Es paradójico, pero es así.

Mientras estás en un profundo abrazo con tu amada, con tu amado, puedes olvidar al otro; sólo entonces olvidas al otro. El hombre olvida que la mujer existe y la mujer olvida que el hombre existe. Solamente en un profundo abrazo, el otro deja de existir. Y cuando el otro deja de existir, tu energía puede fluir fácilmente; de otro modo el otro la empuja hacia abajo.

Por eso el Yoga y las técnicas ordinarias evitan el sexo opuesto. Tienen que evitarlo, estar constantemente luchando y controlando. Pero si estás en contra del sexo opuesto, el propio antagonismo crea una tensión constante que empuja la energía hacia abajo.

El Tantra dice que no hay necesidad de conflicto. Relájate con el otro. En ese instante de relajación, el otro desaparece y tu energía puede ascender. Pero asciende solamente cuando estás en el valle. Cuando estás en la cúspide desciende.

Otra pregunta:

El otro día dijiste que el acto sexual tiene que ser sosegado y sin prisas, pero también dijiste que uno no debe controlar el acto sexual, que hay que ser total. Esto me ha creado confusión.

Control y relajación son dos cosas diferentes. Te relajas en ello, no lo estás controlando; si lo controlas, no habrá relajación y tarde o temprano tendrás urgencia de acabar, porque el control supone esfuerzo. Y todo esfuerzo crea tensión, y la tensión crea una necesidad: la urgencia de aliviarte. ¡No es control! ¡No estás resistiendo algo! Simplemente, no tienes prisa, porque el sexo no te ha de llevar a ninguna parte. No estás yendo a ninguna parte. Es solamente un juego; no tiene una meta. No hay nada que alcanzar, ¿cuál es la urgencia entonces?

Si tienes prisa para todo, también tendrás prisa en el acto sexual, porque estarás ahí. La persona que está siempre pendiente del tiempo, también tendrá prisa en el acto sexual, tendrá la sensación de que está perdiendo el tiempo. Por eso quieres café instantáneo y sexo instantáneo. El café instantáneo es conveniente, el sexo instantáneo no tiene sentido; no puede haberlo. No es un trabajo, no es algo que puedas hacer con prisas; de este modo lo destruirás; te perderás la esencia. Disfrútalo, porque a través de él podrás sentir una dimensión sin tiempo. Si tienes prisa, no podrás sentir la dimensión más allá del tiempo.

Cuando el Tantra dice muévete sin prisa, despacio, gozando, como si fueras de paseo, no como si fueras a la oficina —eso es otra cosa. Cuando vas a la oficina vas con prisas porque quieres llegar a un lugar determinado. Cuando sales de paseo, no tienes prisa porque no vas a ninguna parte; simplemente paseas. No hay prisa, no hay una meta. Puedes regresar desde cualquier punto.

Esta parsimonia es básica para crear el valle; de otro modo se creará la cúspide. Y cuando digo esto, no quiere decir que debas controlarte. No tienes que controlar tu excitación, porque eso es contradictorio. No puedes controlar la excitación. Si la controlas crearás doble excitación. Simplemente relájate, tómatelo como un juego, no le busques un final. ¡El principio es suficiente!

Durante el acto sexual cierra los ojos, siente el cuerpo del otro, siente la energía del otro fluyendo hacia ti, únete a ella, fúndete en ella. ¡Sucederá! Los viejos hábitos tal vez persistan unos días… luego pasarán. Pero no los fuerces. Simplemente relájate, relájate, relájate. Y si no hay eyaculación, no pienses que algo ha ido mal. Si no hay eyaculación el hombre cree que algo ha ido mal. ¡Nada ha ido mal! No pienses que te has perdido algo. No te has perdido nada.

Al principio sentirás que te falta algo, debido a la ausencia de excitación, de la cúspide. Antes de que suceda el valle sentirás que te falta algo, pero es solamente un viejo hábito. Después de un periodo de tiempo, en tres o cuatro semanas, empezarás a sentir el valle. Y cuando aparezca, olvidarás la cúspide. Entonces ninguna cúspide tiene valor. Pero tendrás que ser paciente. No lo fuerces, no controles; simplemente relájate.

Relajarse es un problema, porque cuando decimos «relájate», la mente lo interpreta como si hubiera que hacer un esfuerzo. Nuestro lenguaje le confiere esa apariencia. Estaba leyendo un libro, un libro titulado Tú debes relajarte. El «debes», el propio término «debes», no te permitirá relajarte, porque relajarte se vuelve una meta. «Tú debes», y si no puedes, te sentirás frustrado. El propio término «debes» te hace sentir que es un esfuerzo, un arduo camino. Si piensas en términos de «deber», no podrás relajarte.

El lenguaje es un problema. Para ciertas cosas siempre es confuso; por ejemplo: la relajación. Si te digo relájate, se convertirá en un esfuerzo. Me preguntarás: «¿Cómo relajarse?». El «cómo» te extravía. No puedes preguntar «cómo». Estás pidiendo una técnica: la técnica requerirá esfuerzo, y éste creará tensión. Por eso si me preguntas cómo relajarte, te diré: «No hagas nada». Simplemente relájate. Recuéstate y espera. ¡No hagas nada! Todo lo que hagas lo dificultará; será un barrera.

Si empiezas a contar de uno a cien y de cien a uno, permanecerás despierto toda la noche. Y si te duermes, no es porque estés contando, es porque de tanto contar te has aburrido. No te duermes por contar, te duermes de aburrimiento. Te olvidas de contar y llega el sueño. El sueño y la relajación llegan cuando no estás haciendo nada: ese es el problema.

Cuando digo «el acto sexual», parece un esfuerzo. ¡No lo es! Simplemente empieza a jugar con tu amada o con tu amado. Jugad, sentíos el uno al otro, sed sensibles el uno con el otro, como cuando juegan los niños pequeños, o como juegan los animales, los perros. Jugad, y no penséis en el acto sexual. Puede suceder; puede no suceder.

Si sucede como un juego, te conducirá al valle más fácilmente. Si estás pensando acerca de ello, te estás moviendo en el futuro: estás jugando con tu amada y estás pensando en el acto sexual; entonces el juego es falso. No estás aquí, la mente está en el futuro. Y esta mente se moverá siempre en el futuro.

Cuando estés en el acto sexual, la mente estará pensando en acabar. La mente siempre está por delante de ti. ¡No lo permitas! Simplemente juega, y olvídate del acto sexual. Sucederá; permite que ocurra. Entonces será fácil relajarse. Y cuando suceda… simplemente relájate. Estad juntos. Disfrutad de la presencia del otro, alegraos.

Puede hacerse algo, algo negativo. Por ejemplo, cuando te excitas respiras rápido porque la excitación lo requiere. Para relajarse ayuda respirar profundamente, despacio, con tranquilidad. Entonces el acto sexual puede prolongarse.

No hables, no digas nada, porque ello creará perturbación. No utilices la mente, utiliza el cuerpo; la mente úsala sólo para sentir lo que está sucediendo. No pienses, simplemente siente lo que está sucediendo. La armonía que fluye, el amor que fluye, las energías en contacto, ¡simplemente siente! Sé consciente de ello; no debe ser un esfuerzo. Sólo entonces aparecerá el valle. Y una vez que aparece, estás trascendiendo.

Cuando sientas, cuando percibas el valle, el orgasmo de la relajación, estás trascendiendo. El sexo ha desaparecido, se ha vuelto meditación, samadhi.

 

12

TANTRA Y TRANSFORMACIÓN

Los ideales no pueden
desarrollar tus posibilidades,
solamente la experiencia, el conocimiento
de lo real puede ayudarte.

La primera pregunta:

Osho, por favor, explícanos si las técnicas del Vigyan Bhairava Tantra que nos has expuesto hasta ahora pertenecen a la ciencia del Yoga o al tema central del Tantra. ¿Cuál es el tema central del Tantra?

Esta cuestión os ha surgido a muchos. Las técnicas que hemos estado discutiendo también las utiliza el Yoga; son las mismas pero con una diferencia; puedes utilizar una misma técnica pero apoyada en una filosofía distinta. Difiere el marco, el fondo, no la técnica. El Yoga tiene una actitud diferente hacia la vida, justo lo contrario que el Tantra.

El Yoga cree en la lucha; es básicamente el camino de la voluntad. El Tantra no cree en la lucha, no es el camino de la voluntad; al contrario, es el camino de la rendición total. No requiere tu voluntad. Para el Tantra tu voluntad es el problema, el origen de toda angustia. Para el Yoga, tu rendición, tu falta de voluntad, es el problema.

El Yoga atribuye tu angustia, tu sufrimiento, a tu falta de voluntad. El Tantra dice que debido a tu voluntad, a tu ego, a tu individualidad, sufres. El Yoga dice que la perfección absoluta de tu voluntad te liberará. El Tantra dice: disuelve tu voluntad completamente, vacíate totalmente de ella, y eso será tu liberación. Ambos son correctos… Esto crea la dificultad. Para mí, ambos son correctos.

Pero la senda del Yoga es muy difícil. Es casi imposible que puedas alcanzar la perfección del ego. Eso significa que tienes que llegar a ser el centro de todo el universo. El camino es muy largo, arduo. Y nunca llegas realmente al final. Así que, ¿qué les ocurre a los seguidores del Yoga? En alguna parte del camino, en alguna vida, toman el camino del Tantra; ocurre a menudo.

Intelectualmente es concebible llegar a través del Yoga; existencialmente es imposible. Si fuera posible, también podrías llegar a través del Yoga. Pero generalmente nunca sucede. Y si ocurre, es muy raramente. A veces pasan siglos, y un hombre como Mahavira llega a través del Yoga. Pero es raro, la excepción; él confirma la regla.

Pero el Yoga es más atractivo que el Tantra; éste es fácil, natural, y a través de él puedes llegar muy fácilmente, muy naturalmente, sin esfuerzo. Y debido a ello, el Tantra no te atrae demasiado. ¿Por qué? Todo lo que te atrae, le atrae a tu ego. Aquello que sientes que colma tu ego, te atrae más. Estás cautivado por el ego, por eso el Yoga te atrae tanto.

Cuanto más egoísta eres, más te atraerá el Yoga, porque es el puro esfuerzo del ego. Cuanto más imposible, más le atrae al ego. Por eso tiene tanto atractivo escalar el Everest, alcanzar la cima de los Himalayas —debido a su dificultad. Cuando Hillary y Tensing alcanzaron la cima del Everest, sintieron un instante de éxtasis. ¿A qué se debe? A haber colmado el ego: fueron los primeros.

Cuando el primer hombre pisó la luna, ¿te imaginas cómo se sintió? Fue el primer hombre de la historia, nadie lo puede reemplazar, el seguirá siendo el primer ser humano en pisar la luna. Nada puede cambiar su estatus. El ego se colma profundamente; no hay competencia posible. Muchos pisarán la luna, pero no serán los primeros.

Muchos pisarán la luna y muchos escalarán el Everest. El Yoga te ofrece una cima más alta, un final más inalcanzable: la perfección del ego: puro, perfecto, el ego absoluto.

El Yoga habría sido muy atractivo para Nietzsche, porque decía que la energía que mueve la vida es la energía de la voluntad, la voluntad de poder. El Yoga te hace sentir que, a través de él, eres más poderoso. Cuanto más puedes controlarte, cuanto más puedes controlar tus instintos, cuanto más puedes controlar tu cuerpo, tu mente… más poderoso te sientes. Te vuelves el dueño de ti mismo. Pero es a través del conflicto, a través de la lucha y la violencia.

Y siempre ocurre, en mayor o en menor medida, que la persona que ha estado practicando el Yoga durante muchas vidas, llega a un punto en que el peregrinaje se vuelve monótono, insípido, fútil; porque cuanto más se colma el ego, más sientes que es fútil. Entonces, el seguidor de la senda del Yoga, toma el camino del Tantra.

El Yoga nos atrae porque todo el mundo es egoísta. El Tantra nunca nos atrae al principio; solamente atrae a aquellos que han trabajado consigo mismos, a aquellos que realmente han estado luchando perseverantemente a través del Yoga durante muchas vidas. Entonces el Tantra les atrae porque pueden entenderlo pero generalmente no nos atrae. Y si nos atrae, es por razones equivocadas. Procura también entenderlas.

No te sentirás atraído por el Tantra, en primer lugar, porque te pide que te rindas, que no luches; te pide que flotes, no que nades; te pide que te muevas con la corriente, no a contracorriente. Te dice que tu naturaleza es buena; confía en tu naturaleza? No luches. La no-lucha es la enseñanza primordial del Tantra. ¡Fluye, suéltate!

Por eso no te puede atraer. Tu ego no se colma a través de ello. Desde el principio te pide la disolución del ego.

El Yoga también te lo requerirá, pero al final. Al principio te pedirá que lo purifiques. Y cuando se haya purificado completamente, se disuelve; no puede permanecer. Pero eso es al final del Yoga, y en el Tantra es al comienzo.

Por eso el Tantra generalmente no atrae. Y si lo hace se debe a razones equivocadas. Por ejemplo, si quieres recrearte en el sexo, puedes racionalizar tu indulgencia por medio del Tantra, Ese puede ser el atractivo. Si quieres recrearte en el vino, las mujeres y otras cosas, te puedes sentir atraído por el Tantra; pero no estás realmente atraído por él; es solamente una fachada, un ardid. Te atrae otra cosa, algo que crees que él permite. Por eso el Tantra suele atraer por razones equivocadas.

El Tantra no es un apoyo para la indulgencia, es una ayuda para transformarla. Así que no te engañes; por medio del Tantra puedes engañarte muy fácilmente, y debido precisamente a esa posibilidad de falsearlo, Mahavira no recomendaría el Tantra. Esa posibilidad siempre es factible. Y el hombre es tan falso que puede utilizar cualquier cosa con una intención distinta de la que supuestamente persigue. Y puede racionalizarlo.

Por ejemplo, en China, en la antigua China, existió algo parecido al Tantra, una ciencia secreta. Se le conoce con el nombre de Tao y tiene tendencias similares al Tantra. El Tao dice que si quieres liberarte del sexo, es bueno no apegarse a una persona (a una mujer, a un hombre). Si quieres liberarte, no deberías apegarte a una persona. Por eso el Tao dice que es mejor ir cambiando de amante.

Esto es correcto, pero puedes racionalizarlo, puedes engañarte. Tal vez seas solamente un maníaco sexual y pienses: «Estoy haciendo prácticas tántricas, no me puedo apegar a una mujer, tengo que cambiar…». Muchos emperadores chinos lo practicaban. Tenían grandes harenes por esta razón.

Pero el Tao es muy significativo; lo es si profundizas en la psicología humana. Si sólo conoces una mujer, tarde o temprano, tu atracción por ella desaparecerá, pero tu atracción hacia las mujeres permanecerá. Seguirás atraído por el sexo opuesto, pero esa mujer, tu esposa, ya no será para ti del sexo opuesto. No te atraerá, no será un imán para ti; te habrás acostumbrado a ella.

El Tao dice que si un hombre se mueve entre mujeres, entre muchas mujeres, no perderá el interés por una, irá más allá de la atracción por el sexo opuesto. El conocimiento de muchas mujeres le ayudará a trascender. Y esto es correcto, pero peligroso; aunque no te interesa porque es correcto, sino porque te permite explayarte. Éste es el problema con el Tantra.

Por eso en China se reprimió ese conocimiento; se tuvo que suprimir. En India también se reprimió el Tantra, porque dice muchas cosas peligrosas. Son peligrosas solamente porque eres falso; de lo contrario es maravilloso. A la mente humana no le ha ocurrido nada más maravilloso y misterioso que el Tantra; ningún otro conocimiento es tan profundo.

Pero el conocimiento siempre tiene sus peligros. Por ejemplo, hoy día la ciencia se ha vuelto peligrosa porque ha descubierto muchos secretos. Ahora cualquiera puede crear energía atómica. Cuentan que Einstein dijo que si volviera a nacer, preferiría ser un fontanero antes que un científico, porque mirando retrospectivamente, su vida ha sido fútil; no solamente eso sino un peligro para la humanidad. Y él ha descubierto uno de los secretos más profundos; pero es un peligro en manos de una humanidad falsa.

Me pregunto si llegará el día en que tengamos que detener los avances científicos. Se rumorea que entre la comunidad científica se cuestiona si deberían detenerse las investigaciones o seguir adelante, porque ahora es un asunto peligroso.

Todo conocimiento es peligroso; lo único que no lo es, es la ignorancia. No puedes hacer mucho con ella. Las supersticiones siempre son buenas —nunca son peligrosas, son homeopáticas. Tomas la medicina… no te hará ningún daño, eso es cierto. Que te ayude o no dependerá de tus propias ilusiones. Una cosa es cierta: no te perjudicará. La homeopatía es inofensiva; es una profunda superstición. Solamente puede ayudar. Recuerda: aquello que solamente te puede ayudar es superstición. Si puede ayudarte o perjudicarte, entonces es conocimiento.

Lo real conlleva ambos: ayuda y perjuicio. Solamente lo irreal puede únicamente ayudar. Pero en ese caso la ayuda nunca proviene de ello; es siempre una proyección de tu propia mente. Por eso las cosas irreales, ilusorias, son, en cierto modo, buenas; nunca te perjudican.

El Tantra es una ciencia, y más profunda que la energía atómica —porque a la energía atómica le concierne la materia y al Tantra le conciernes tú. Y tú eres más peligroso que cualquier energía atómica. Al Tantra le concierne el átomo biológico, tú (la célula viva, la vida, la propia consciencia); cómo funciona, el mecanismo interno.

Ésa es la razón por la cual el Tantra se interesó tanto por el sexo. Alguien que esté interesado en la vida y en la consciencia, automáticamente se interesará por el sexo, porque es la fuente de la vida, del amor, de todos los ámbitos de la consciencia. Por eso, si un buscador no se interesa por el sexo, no es un verdadero buscador; tal vez sea un filósofo, pero no un buscador. Y la filosofía es mayoritariamente un absurdo: pensar acerca de cosas que no tienen ninguna utilidad.

Me contaron… A Mulla Nasrudin le gustaba una chica, pero tenía muy mala suerte con las chicas: ninguna se interesaba por él. Un buen día se le presentó la oportunidad de tener, por primera vez, una cita con una chica. Así que le preguntó a un amigo: «¿Cuál es tu secreto? Tú eres irresistible para las mujeres, las hipnotizas; y yo siempre fracaso… dame algún consejo. Tengo una cita con una chica, cuéntame algún secreto».

El amigo le dijo: «Recuerda tres cosas, habla siempre sobre comida, familia y filosofía».

«¿Por qué sobre comida?» —le preguntó Mulla.

El amigo le respondió: «Suelo hablar de comida porque así la chica se siente bien —todas las mujeres están interesadas en la comida. Ellas son el alimento de los bebés, ellas son el alimento de la humanidad, por eso están básicamente interesadas en la comida».

Mulla dijo: «De acuerdo. ¿Y por qué sobre la familia?».

«Pregúntale acerca de su familia y así tus intenciones parecerán respetables» —le explicó el amigo.

Entonces Mulla le preguntó: «¿Y por qué sobre filosofía?»

El amigo le dijo: «Háblale de filosofía. Eso hará que ella se sienta inteligente».

Con estas premisas, Mulla acudió a la cita. Al ver a la chica, inmediatamente le dijo: «¡Hola! ¿Te gustan los espagueti?».

La chica, desconcertada, le dijo: «¡No!».

Así que Mulla le formuló la segunda pregunta: «¿Tienes algún hermano?».

La chica todavía más perpleja le dijo: «¿Qué clase de cita es ésta?». Y añadió: «¡No!».

Por un momento Mulla se quedó en blanco: «¿Cómo introducir la filosofía?». Así que, superado el lapsus, le preguntó: «Si tuvieras un hermano, ¿le gustarían los espagueti?».

Esto es filosofía. La filosofía es, en mayor o en menor medida, un absurdo. El Tantra no está interesado en la filosofía; está interesado en lo existencial. Por eso el Tantra nunca especula acerca de la existencia de Dios, del moksha, del cielo y el infierno. No; se interesa por las cuestiones básicas de la vida. De ahí el interés por el sexo y por el amor, porque son cuestiones básicas. Vienes a través de él, eres parte de él.

Eres un juguete en manos de la energía sexual, y nada más. Y a menos que entiendas esta energía y la trasciendas, nunca serás nada más. Ahora, tal como eres, no eres otra cosa que energía sexual; puedes ser algo más, pero si no entiendes esto y lo trasciendes, nunca lo serás. La posibilidad es la de una semilla.

Por eso el Tantra se interesa en el sexo, en el amor, en una vida natural. Pero la forma de conocerlo no es a través del conflicto. El Tantra dice que nada se puede conocer con una actitud conflictiva, porque entonces no eres receptivo. Porque debido a la lucha los secretos permanecen ocultos; no estás abierto a recibirlos.

Y cuando estás luchando, siempre estás afuera. Si estás en conflicto con el sexo, siempre estás afuera. Si te rindes, si te entregas al sexo, puedes llegar a su centro interior, podrás conocerlo desde adentro. Si te entregas, muchas cosas se te revelarán.

Has experimentado el sexo, pero siempre con una actitud interna conflictiva; por eso no se te han revelado sus secretos. Por ejemplo, no has conocido las energías vitales que da el sexo. No las has conocido porque no has podido. Para eso se precisa vivirlo desde adentro.

Si estás realmente flotando con la energía sexual, totalmente entregado, tarde o temprano llegarás al punto en que sabrás que el sexo no solamente puede dar a luz una nueva vida. Para los amantes, el sexo puede llegar a ser una fuente de energía, pero para ello necesitas entregarte; y una vez te rindes, muchas dimensiones cambian.

Por ejemplo, el Tantra y el Tao han descubierto que si eyaculas en el acto sexual, éste no puede ser una fuente de energía. No hay necesidad de eyacular; la eyaculación puede olvidarse completamente. El Tantra y el Tao dicen que la eyaculación sucede porque estás luchando; de lo contrario no hay necesidad.

El amante y la amada pueden estar en un profundo abrazo sexual, relajándose el uno en el otro, sin urgencia por eyacular, sin urgencia por concluir el acto. Simplemente relajándose el uno en el otro. Y si esta relajación es total, ambos se revitalizarán el uno al otro, se enriquecerán.

El Tao dice que un hombre puede vivir mil años si no tiene ninguna urgencia en el sexo, si está profundamente relajado. Si una mujer y un hombre están profundamente relajados el uno con el otro, simplemente fundidos el uno en el otro, absorbidos el uno en el otro, sin ninguna urgencia, sin ninguna tensión, muchas cosas suceden: fenómenos alquímicos; porque la electricidad de ambos, la bioenergía de ambos, las esencias de ambos, se encuentran. Y este encuentro de polos opuestos —uno es negativo, el otro es positivo—, este encuentro profundo con el otro polo, los revitaliza, los reaviva.

Pueden vivir muchos años, y pueden vivir sin envejecer; pero esto solamente se puede conocer si no tenéis una actitud conflictiva. Y esto parece paradójico. Quienes tienen conflicto con el sexo, eyaculan antes, porque la mente que está tensa tiene urgencia por descargarse de la tensión.

Las nuevas investigaciones aportan muchos datos sorprendentes. Masters y Johnson han sido los primeros en investigar qué ocurre durante el acto sexual: han descubierto que el setenta y cinco por ciento de los hombres padecen de eyaculación precoz. ¡El setenta y cinco por ciento de los hombres! Antes de que haya sucedido un encuentro profundo han eyaculado y el acto ha concluido. Y el noventa por ciento de las mujeres nunca alcanzan el orgasmo; nunca alcanzan el clímax, una profunda satisfacción. ¡El noventa por ciento de las mujeres!

Por eso las mujeres son tan irritables. Ninguna filosofía puede ayudarles, ninguna religión, ninguna ética, les ayuda a sentirse a gusto con los hombres que conviven; de ahí su frustración, su irascibilidad… La ciencia moderna y el antiguo Tantra, ambos, dicen que a menos que la mujer se sienta profundamente satisfecha, orgásmica, será un foco de problemas para la familia. Esa carencia provocará irritabilidad, su actitud siempre será conflictiva.

Así que, si tu mujer siempre está de mal humor, reflexiona sobre ello. No es simplemente su problema, tal vez tú seas la causa.

Debido a que la mujer no alcanza el orgasmo, se vuelve en contra del sexo; no le apetece. Tiene que ser sobornada; no está predispuesta. ¿Por qué debería estarlo si no le reporta ningún gozo profundo? Al contrario, siente que el hombre la ha estado utilizando, se siente utilizada por él. Se siente usada y desechada.

El hombre se siente satisfecho porque ha eyaculado; entonces se recuesta y se duerme, y la mujer llora. Ha sido simplemente usada, y la experiencia no le ha colmado en nada. Puede ser que haya desahogado a su marido, a su amante, a su amigo, pero a ella no le ha satisfecho de ningún modo.

El noventa por ciento de las mujeres ni siquiera saben qué es un orgasmo, porque jamás lo han experimentado; nunca han alcanzado la culminación del gozo, la convulsión dónde cada fibra del cuerpo vibra, donde cada célula se reaviva. Nunca lo han sentido, y se debe a la actitud antagonista de la sociedad hacia el sexo. El conflicto de la mente está ahí, y de tanto reprimirse la mujer se ha vuelto frígida.

Y el hombre hace el acto como si fuera un pecado. Se siente culpable; sabe que no debería hacerlo. Y mientras hace el amor con su esposa o con su amada, está pensando en algún mahatma: «Cómo acercarse al mahatma, cómo trascender el sexo, los remordimientos, el pecado».

Es muy difícil deshacerse de los mahatmas; siempre están ahí. Incluso cuando haces el amor no sois dos —sois tres, un mahatma está ahí. Y si no hay un mahatma, Dios está viendo el pecado. El concepto que tenemos de Dios es el de un mirón que siempre te está observando. Esta actitud crea ansiedad, y ésta provocará la eyaculación precoz.

Cuando no hay ansiedad, la eyaculación puede posponerse durante horas, incluso días. ¡No hay ninguna necesidad! Si el amor es profundo y ambos cuerpos pueden revitalizarse el uno al otro, la eyaculación puede cesar completamente. Durante años, dos amantes pueden fundirse el uno en el otro sin que haya eyaculación, sin ningún derroche de energía. Pueden relajarse el uno en el otro. Sus cuerpos se funden y se relajan. Y tarde o temprano, el sexo dejará de ser algo excitante. Lo es ahora, luego deja de serlo y se vuelve una profunda relajación.

Pero eso solamente puede suceder si primero te has rendido interiormente a la energía y a la fuerza de la vida. Sólo entonces te puedes entregar a tu amante o a tu amada.

Si eso sucede… el Tantra dice que nunca hagas el amor cuando estás excitado. Esto parece absurdo, porque quieres hacer el amor cuando estás excitado, y ambos amantes se excitan el uno al otro para poder hacer el amor; pero el Tantra dice que con la excitación derrochas energía. Haz el amor cuando estés tranquilo, sereno, meditativo. Primero medita; luego haz el amor. Y en el amor, no vayas más allá del límite. ¿Qué quiero decir con «no vayas más allá del límite»? No te excites ni te vuelvas violento, para que tu energía no se disperse.

Si ves hacer el amor a dos personas, sentirás que están luchando. Los niños pequeños, cuando ven hacer el amor a sus padres creen que el padre va a matar a la madre. Parece un acto violento; una lucha. No es hermoso; parece algo horrible.

Debe ser más musical, armónico. Los dos amantes deben danzar, no luchar. Cantar una melodía armónica, crear una atmósfera en la cual ambos se disuelven volviéndose uno; entonces se relajan. Ése es el significado del Tantra; éste no es en absoluto sexual. Aunque le concierne el sexo, es la cosa menos sexual. Y si a través de esta relajación, la naturaleza te revela sus secretos, desaparece la fascinación; entonces empiezas a percibir lo que ocurre. Y en esa percepción de lo que está ocurriendo, llegan a tu mente muchos secretos.

Primero, el sexo se vuelve dador de vida. Tal como es ahora, es dador de muerte; a través de él, simplemente mueres, te desgastas, te deterioras. Segundo, se vuelve la meditación natural más profunda. Tus pensamientos cesan completamente. Cuando estás totalmente relajado con tu amada, con tu amado, tus pensamientos cesan, la mente no está ahí; solamente tu corazón late —la mente desaparece. Se vuelve una meditación natural. Si el amor no puede ayudarte en tu meditación, nada te ayudará, porque todo lo demás es superfluo, superficial. Si el amor no puede ayudarte, ¡nada puede hacerlo!

El amor tiene su propia meditación. Pero no conoces el amor, conoces solamente el sexo, conoces el tormento de desperdiciar energía. Por eso te deprimes después de ello; entonces decides hacer voto de brahmacharya. Y este voto lo haces mientras estás deprimido, este voto se toma estando exasperado, frustrado. No te será de ninguna ayuda.

Un voto puede ayudar si se toma en un profundo y relajado estado meditativo, ¡sólo entonces! De otro modo simplemente muestra tu ira, tu frustración, y nada más; y en veinticuatro horas olvidarás tu voto. La energía volverá de nuevo y, como una vieja rutina, tendrás que descargarla.

Por eso el sexo, para ti, no es otra cosa que algo parecido a un estornudo. Te sientes excitado, y cuando estornudas te sientes relajado. Algo que te estaba molestando en la nariz se libera; algo que te molestaba en el centro sexual se libera.

El Tantra dice que el sexo es algo muy profundo porque es vida, pero tu interés en él puede estar equivocado. No te intereses en él por razones engañosas, pues entonces sentirás que es peligroso, porque es una transformación de la vida.

Esos métodos de los que hemos estado hablando también han sido utilizados por el Yoga, pero conflictivamente, con una actitud de lucha. El Tantra utiliza los mismos métodos pero con una actitud muy amorosa. Y eso marca una gran diferencia. Toda la cualidad de la técnica cambia; ésta se vuelve distinta porque el ambiente es totalmente diferente.

Has preguntado:

¿Cuál es el tema central del Tantra?

¡Tú! Tú eres el tema central del Tantra. Lo que eres ahora, y lo que está oculto dentro de ti y puede crecer; lo que eres y lo que puedes llegar a ser. En este momento eres una unidad sexual. Y a menos que logres una comprensión profunda acerca de esta unidad, no puedes volverte consciencia, no puedes volverte una unidad espiritual. La sexualidad y la espiritualidad son dos extremos de una misma energía.

El Tantra empieza desde el punto donde estás, el Yoga arranca desde una hipótesis. El Yoga arranca en el final, el Tantra empieza desde el principio. Siempre es bueno empezar por el principio, porque si comienzas por el final te estarás creando dificultades innecesarias. No eres eso; solamente el ideal. Tienes que volverte un ser divino, el ideal, y eres solamente un animal; y éste se trastorna debido al ideal. Enloquece, desvaría.

El Tantra dice, olvídate de lo divino. Si eres un animal, conoce ese animal en su totalidad. De esa comprensión crecerá lo divino. Y si no puede crecer a través de esa comprensión, entonces olvídate de ello; nunca crecerá. Los ideales no pueden desarrollar tus posibilidades, solamente la experiencia, el conocimiento de lo real puede ayudarte. Por eso eres el tema central del Tantra: tal como eres y lo que puedes llegar a ser; tu actualidad y tu posibilidad. Ése es el tema central del Tantra.

A veces la gente se preocupa… Si buscas en el Tantra, no habla de Dios, no habla del moksha, no habla del nirvana. ¿Qué clase de religión es el Tantra? Habla de cosas que te disgustan; no te gusta hablar de ellas. ¿Quién quiere hablar sobre el sexo? Todo el mundo cree que lo conoce. ¿Crees que por ser capaz de reproducirte conoces el sexo?

Nadie quiere profundizar en el sexo, y el sexo es el problema de todo el mundo. Nadie quiere hablar acerca del amor porque todo el mundo cree que es un gran amante. ¡Mira tu vida! Es solamente odio y nada más. Y eso que llamas amor no es otra cosa que una relajación, una ligera relajación del odio. Mira a tu alrededor, y verás qué conoces y qué no conoces.

Me estoy acordando de un judío, un maestro hassid, Baal Shem. Le estaban confeccionando una vestidura y durante seis meses tuvo que visitar a su sastre diariamente —¡seis meses para confeccionar la vestidura de un fakir pobre! Cuando estuvo lista y el sastre se la entregó, Baal Shem le dijo: «Dios solamente necesitó seis días para crear el mundo. En seis días creó el mundo, y tú has necesitado seis meses para confeccionar la vestidura de este pobre hombre».

Cuenta Baal Sheem en sus memorias que el sastre le dijo: «Sí, Dios creó el mundo en seis días, pero mira el mundo, ¡qué clase de mundo creó!».

Mira a tu alrededor; mira el mundo que has creado. Y entonces te darás cuenta de que no sabes nada. Estás deambulando en la oscuridad. Y debido a que todo el mundo está deambulando en la oscuridad, te sientes bien; no puedes comparar.

Pero estás en la oscuridad, y el Tantra empieza desde donde estás. Te quiere iluminar sobre las cosas básicas que no puedes negar; y si las intentas negar, es a costa de ti mismo.

 

13

TANTRA: RENDIRSE A LA VIDA

En el amor tienes una posibilidad
natural de rendirte. Ríndete y siéntelo;
entonces deja que se extienda
a todas las dimensiones de tu vida.

La segunda pregunta:

¿Cómo podemos convertir el acto sexual en una experiencia meditativa? ¿Debemos practicar el sexo en alguna posición especial?

La posición es irrelevante; las posiciones no tienen demasiada importancia. Lo importante es la actitud de la mente, no la postura del cuerpo sino la de la mente. Pero si cambias tu mente, puede ser que quieras cambiar las posturas del cuerpo, porque están en relación.

Por ejemplo, el hombre siempre se pone encima de la mujer. Es una postura egoísta, porque así el hombre se siente mejor, superior. ¡Cómo va a estar él debajo de la mujer! En África a esa postura se le conoce con el nombre de la postura del misionero, porque, por vez primera, cuando los misioneros cristianos llegaron a África, la población aborigen no podía entenderlo: «¿Qué hacen? ¡Van a matar a la mujer!».

En África se la conoce como la postura del misionero. Los aborígenes africanos dicen que es violenta, ya que la mujer debe colocarse encima del hombre. Pero para el hombre es difícil concebir el estar debajo de ella, aunque en todo el mundo, en las sociedades primitivas, la mujer se coloca encima del hombre.

Si tu mente cambia, muchas cosas cambiarán. Es mejor que la mujer esté encima, por varias razones. Porque si la mujer, que es pasiva, está encima, no va a ser muy violenta; simplemente se relajará. Y si el hombre está debajo, no podrá ser muy activo, simplemente se relajará. Es conveniente. Si el hombre está encima, será violento, será muy activo; y no se precisa hacer nada. Para el Tantra te tienes que relajar, por eso es conveniente que la mujer se coloque encima. Ella se puede relajar más fácilmente que el hombre. La psicología de la mujer es más pasiva, por eso se relaja más fácilmente.

Las posiciones cambiarán, pero no te preocupes demasiado acerca de ellas. Primero cambia tu mente. Ríndete a la fuerza de la vida; flota en ella. A veces, cuando os entreguéis totalmente, vuestros cuerpos adoptarán la posición adecuada que precisa ese momento. Y cada día cambia la situación, así que no hay necesidad de fijarla de antemano. Ése es el error: intentar fijar de antemano. Cuando intentas fijar algo, es la mente la que intenta fijarlo; entonces no te estás rindiendo, no te estás entregando.

Ríndete, deja que las cosas tomen su propia forma, y habrá una armonía maravillosa. Cuando ambos amantes se entregan, tal vez adopten muchas posturas, o tal vez no y simplemente se relajen. Pero eso dependerá de la energía, no de tus decisiones cerebrales decididas de antemano. ¡No necesitas decidir nada por adelantado! Esa decisión es el problema. Incluso para hacer el amor decides; incluso para hacer el amor consultas libros.

Hay libros para aprender cómo hacer el amor. Ello muestra qué tipo de mente hemos creado —cómo hacer el amor. Entonces se vuelve cerebral, piensas en todo. Primero haces un ensayo mental, y entonces lo representas. Es un copia; nunca es real. Estás representando algo estudiado. Se vuelve una actuación; no es auténtico.

Simplemente relájate y déjate llevar dondequiera que te lleve la energía. ¿Cuál es el miedo? ¿Por qué tener miedo? Si con tu amante no puedes relajarte, ¿dónde podrás hacerlo? Y una vez sientas que la propia energía se ayuda a sí misma y toma el camino adecuado a la necesidad, eso te dará una percepción para todos los aspectos de la vida. Entonces podrás dejar toda tu vida a lo divino.

Cuando dejas tu vida a lo divino, no cavilas, no proyectas; no fuerzas el futuro conforme a ti. Simplemente te permites adentrarte en el futuro de acuerdo a él, de acuerdo a la totalidad.

¿Cómo hacer del acto sexual una meditación? Simplemente rindiéndote, entregándote, se vuelve una meditación. No pienses acerca de ello, deja que suceda. Relájate, no te abstraigas en el futuro. Éste es uno de los problemas básicos de la mente: siempre se abstrae en el futuro. Siempre está buscando el resultado, y éste siempre está en el futuro. Por eso nunca estás en el acto; siempre estás en el futuro buscando el resultado. Esa búsqueda lo perturba todo, lo estropea todo.

Simplemente permanece en el momento. ¡Olvídate del futuro! Ya llegará: no necesitas preocuparte por él. Tu ansiedad no lo traerá. Ya está llegando; ya ha llegado. Olvídate de él. Permanece simplemente aquí y ahora.

El sexo se puede volver una profunda percepción en el ser aquí y ahora. Y éste es, creo, el único acto en el cuál puedes estar aquí y ahora. No puedes estar aquí y ahora mientras estás en la oficina; no puedes estar aquí ahora mientras estás estudiando en la universidad; no puedes estar aquí y ahora en ninguna otra parte en este mundo moderno. Solamente en el amor puedes estar aquí y ahora.

Pero incluso en el amor no eres, no estás presente. Estás pensando en el resultado. Y muchos libros nuevos han creado nuevos problemas. Al leer un libro sobre cómo hacer el amor, tienes miedo de no hacerlo bien, de si estás haciéndolo bien o mal. Lees un libro para saber qué posición debes adoptar, qué tipo de postura, y entonces estás intranquilo, pensando si estás adoptando la postura correcta o no.

Los psicólogos han creado nuevas preocupaciones: ahora insisten en que el marido tiene que estar pendiente de si la esposa ha alcanzado el orgasmo o no. Entonces él se preocupa: «¿Ha llegado al orgasmo o no?». Y esta preocupación no le ayudará en nada; se convertirá en un obstáculo.

Y ahora la mujer está preocupada pensando si está ayudando al marido a relajarse totalmente o no. Así que tiene que sonreír, tiene que parecer que está gozando. ¡Todo se vuelve falso! Ambos están preocupados por el resultado. Y debido a esta preocupación los resultados nunca llegan.

Olvídate de todo. Fluid en el momento y dejádselo a vuestros cuerpos. Vuestros cuerpos tienen su propia sabiduría: están constituidos de células sexuales; albergan un programa congénito. No te necesitan. Simplemente dejádselo al cuerpo, y el cuerpo decidirá. Esta rendición, esta entrega mutua, creará automáticamente la meditación.

Y si puedes sentirla en el sexo, entonces ya sabes una cosa: que cuando quiera que te rindas, sentirás lo mismo. Entonces te puedes rendir a un Maestro —la relación con un Maestro es una relación amorosa. Y entonces, cuando inclines tu cabeza ante los pies del Maestro, tu cabeza se vaciará; entrarás en meditación.

Entonces ya no hay ni siquiera necesidad de un Maestro, puedes rendirte al cielo abierto. Sabes cómo rendirte; eso es todo. Puedes acercarte y rendirte a un árbol… Parece tonto porque no sabemos cómo rendimos. Vemos a alguien —a un hombre sencillo, a un campesino— en el río, entregándose al río, llamando al río «la Madre», o entregándose al sol naciente, llamando al sol naciente el gran dios, o acercándose a un árbol e inclinándose ante sus raíces.

A nosotros nos parece una superstición: «¡Qué cosa tan absurda! ¿Qué puede hacer el árbol? ¿Qué puede hacer el río? No son dioses. ¿Qué es el sol? El sol no es un dios».

Cualquier cosa se vuelve Dios si te entregas. Tu rendición crea la divinidad. No hay nada divino; es solamente la rendición de la mente lo que crea la divinidad.

Entregándote a tu mujer se vuelve divina; entregándote a tu marido se vuelve divino. La divinidad se revela a través de la rendición. Ríndete a una roca y dejará de existir la roca —ésta se ha convertido en una estatua viva, en una persona.

Aprende cómo rendirte… Y cuando digo «cómo rendirte» no significa conocer una técnica. Quiero decir que en el amor, tienes una posibilidad natural de rendirte. Ríndete y siéntelo; después deja que se extienda a todas las dimensiones de tu vida.

( Capítulos 1-7: link )

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